EL PRESERVATIVO SI-DA
Se habla mucho sobre el SIDA, pero las campañas oficiales omiten un dato fundamental. El riesgo de transmisión del SIDA en términos masivos está estrechamente relacionado con pautas y hábitos personales. Fundamentalmente dos: a) La promiscuidad en las relaciones sexuales, y b) La drogadicción por vía intravenosa. Por el contrario, fomentar la fidelidad en las relaciones de los adultos, y la abstinencia de las mismas en los adolescentes es luchar contra el SIDA; llevar adelante programas serios contra el uso de drogas, es luchar contra el SIDA. Sólo una sociedad enferma es capaz de obviar esta evidencia. ¿Por qué es políticamente correcto presionar socialmente al fumador para que deje de serlo y no lo es presentar seriamente como una conducta socialmente positiva la fidelidad y la abstinencia?
Hoy, es ya evidente que las campañas oficiales para prevenir el SIDA, basadas en la promoción del uso de preservativos, faltan a la verdad, y que lo del "sexo seguro" es un mito. Lo único seguro es que los preservativos son un gran negocio, llenan de dinero los bolsillos de quienes los fabrican.
La realidad es que el uso del preservativo reduce el riesgo del contagio del HIV solamente en un 69%, es decir, el riesgo de contagio en relaciones heterosexuales con condón se mantiene en un 31%. Los preservativos fallan en prevenir los embarazos por lo menos en un 17,7% del tiempo durante un año de uso y pueden llegar a fallar el 36,3% del tiempo en el caso de las jóvenes solteras. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud reconoce un riesgo relativo de contagio del HIV para usuarios del preservativo en torno del 40%.
La verdad es que el preservativo ofrece tanta seguridad como el tambor de un revolver en la ruleta rusa. ¿Quién le confiaría su vida a un preservativo durante las relaciones sexuales con alguien que se supiera tiene SIDA? El riesgo de contraer la enfermedad, aún usando preservativo se debe a diferentes razones: Fallas mecánicas: Por rotura; Por desplazamiento; Por uso incorrecto; Por mala remoción; Por defecto en la fabricación; Fallas debidas a que el látex puede ser dañado: Por el frío; Por el calor; Por la presión; Por los rayos ultra-violetas; por el Ozono; y a ello debe deben agregarse las fallas debidas a las porosidades que pueden afectar su impermeabilidad..
Los mensajes oficiales no deben engañar a la población y, así como en los envases de cigarrillos figura la leyenda de que el fumar puede producir cáncer, así también debería figurar en los envases de los preservativos una advertencia que diga que el preservativo no es seguro para prevenir la concepción ni el contagio de enfermedades de transmisión sexual, ni el SIDA.
Está demostrado, con la amarga experiencia de los países del primer mundo, Alemania, Holanda, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, etc, que el reparto de preservativos no disminuye la cantidad de infectados, sino que los aumenta. Es decir, ha sido peor el remedio que la enfermedad, pues al proporcionar el Estado masiva e insistentemente preservativos, y al incitar a la población a usarlos, se está estimulando las relaciones sexuales impensadas, de ocasión, es decir, a un mayor número de contactos potencialmente contagiosos, y así continúa el círculo sexual vicioso, que es el que causa la pandemia. ¿Cuántos jóvenes han tomado el camino de la promiscuidad, presionados por la falsa hipótesis que plantea la propaganda del Gobierno, y han caído víctimas de este flagelo?
Sirven de muy poco las campañas oficiales sobre el uso del preservativo cuando fallan los valores. ¿Es honrado incitar a los jóvenes a la promiscuidad con esos programas de "educación" sexual que se limitan a promover un "sexo seguro y sin riesgos" y no estimulan la afectividad de los adolescentes hacia el autodominio y el amor comprometido? En sexualidad no basta la información técnica, se deben atender las esferas de los sentimientos y el espíritu.
El mensaje debe ser coherente: No se puede, por un lado, pretender que los jóvenes descubran una visión de la sexualidad cimentada en el amor y la responsabilidad, y, por otro lado, repartir preservativos en la vía pública. Aquellos que distribuyen preservativos a los niños y jóvenes en las escuelas, en las calles y plazas, son gravemente irresponsables. Los padres deberían reaccionar, ejercitando su derecho a defender a sus hijos.
La vía eficaz de prevención consiste en un esfuerzo educativo para proponer criterios sanos de conducta sexual. Debe promoverse una concepción del sexo basada en el dominio de sí, la responsabilidad y el res-peto del otro. Donde haya fidelidad conyugal, se podrá vencer la promiscuidad, que es la principal causa de propagación del SIDA. Debe haber una adecuada orientación de la sexualidad, no hecha a espaldas de los padres, sino con su guía y participación.
Hoy que se pretende haber superado todos los tabúes con respecto al sexo, ahora el tabú que se impone es el cerrar filas alrededor del preservativo. La fidelidad a la pareja se considera irreal, pero se exige fidelidad total al preservativo, y los que se atreven a criticar las campañas del Gobierno son descalificados como fundamentalistas o fanáticos. Los padres son los primeros educadores de los hijos, y con esas campañas se produce un abuso de poder del propio Gobierno frente a los derechos y responsabilidades de los progenitores.
Por otro lado, no es imprescindible ser creyente para atender razones morales al combatir el SIDA. En efecto, basta advertir que también existe una ética de la naturaleza, una ética ecológica, sobre la base de la cual unos actos pueden considerarse buenos, y otros malos. La contaminación de un río es éticamente malo, y reciclar o aprovechar la energía solar es bueno. Así, los actos que facilitan la propagación de una enfermedad son éticamente reprobables. Los actos que deshumanizan el sentido de la sexualidad, también son reprobables.
La única solución real para el SIDA, radica en convencer a la gente de cambiar su conducta sexual, que es la causa principal de la difusión de la enfermedad. Los graves problemas morales nunca se pueden solucionar por medio de la técnica o de la química; los problemas morales solo se solucionan moralmente, es decir, con la firme decisión de dar un giro al estilo de vida.